viernes, 10 de mayo de 2013

Te estoy mirando.


“Abrí su ventanita. Pensé 32, 33 segundos. Pensé en todo lo que le quería decir y no sabía cómo. Me acordé de su mueca antes de reír, frunciendo los labios; del día que intenté cocinarle y se me quemó todo, y de los besos lindos que me había dado. Lloré un poco, ahí, frente a la computadora. Un poco nada más. Casi nada. ‘Tengo ganas de cagarte a mensajes, de que nos quedemos idayvuelteando hasta las mil y una, manijeándonos, diciéndonos cualquier cosa.’ escribí. Así, sin hola, sin nada. Y borré.”

Y mientras me contás esto, yo te miro. Te estoy mirando y seguro te cague a trompadas en cualquier momento, un poco porque me estás partiendo en dos y otro poco porque no sé qué hacer para tocarte, sentirte. Y vos me decís que te hago bien, como si fuera un halago. Me estás tratando de morfina.
   Me gusta que me necesites, sí, pero necesítame de otra forma. Necesitame como yo a vos. Enfermate conmigo. Flasheá sarpado y cualquiera.

“Me puso nervioso verla conectada. Pero si se desconecta me muero. Maquino con que volvió con el ex, que se fueron a vivir juntos, todo.”

No paro de mirarte. Te escucho y todo, pero por los ojos. Este año, cuando me toque soplar las velitas, voy a pedir que te vuelvas loco como yo, y conmigo, así te puedo contar la cantidad de veces que te imaginé diciéndome “quedate a dormir”, o cómo no te dejaría terminar de hablar y te daría besos de sopetón. Qué buena palabra sopetón. Podría mostrarte, también, mi lista de palabras preferidas.
    Me gustás tanto que me agota, siempre lo pienso. Una vez dijiste “si te podés divertir pensando, ya ganaste.” Estábamos borrachos, nos pusimos existencialistas. No tiene nada que ver, pero siempre me resuena esa frase.
Cómo me gustás, hijo de puta.

“¿Estoy exagerando? Posta decime. Es que no puedo no engancharme, te juro. A veces me engancho porque sí, porque de algo hay que vivir.”

No Facundo, no estás exagerando. Estás dando en la tecla. Vos entendés. No te hacés el liviano, el relajado, el poeta. Sos un pibe que está en buenos términos con sus incertidumbres, con lo que lo altera. ¿Sabés lo difícil que es eso? Pero qué querés que haga. Volvé a abrir esa ventanita de mierda y decile lo que le querés decir. Yo me estoy tragando todo esto y siento que en cualquier momento voy a vomitar. Y voy a apuntar, muy a propósito, a tu puta computadora. Y así quizá entiendas lo enferma que estoy. Y, si de verdad entendés, me mires como yo te estoy mirando y te quieras enfermar conmigo. Dale, te prometo que nos voy a cuidar. 


-No, de una, hablale. Le va a gustar saber que estás loco por ella.

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