miércoles, 3 de diciembre de 2014

Sobre deseos.

Cuando paso por debajo de un puente y me atraviesa un tren,
cuando veo un avión,
cuando cumplo otra vuelta al sol y soplo velitas,
cuando juego con pestañas propias o ajenas que se salieron.
Hasta los diez, que mis papás se vuelvan a juntar.
Después, que me dé bola Gonzalo.
Que me dé bola Lucho.
Que me dé bola Tomás.
Que alguien me dé bola.
Recibirme.
Que mi tío se recupere.
Que la gente que quiero sea feliz.
Mudarme sola.

Que mi mamá me vuelva a mirar,
a sonreír,
a asfixiar de amor,
a cocinar.

Concebir (a) la muerte como un alivio,
un descanso.
Desenterrar el miedo.

Que lo único que me atrevo a nombrar como ‘natural’, sea.
Con el horror que arrastro al pensarlo.
Con la vergüenza que me invade escribirlo.

Que si realmente creyera en desear,
me atrevería a convivir con la culpa.

Nadie merece ese cambio de planes.
El ciclo invertido.
No, interrumpido.

Que mi abuela se vaya antes que mi mamá.
Y que pueda seguir deséandolo miles de aviones más.
Hasta que se me caigan casi todas las pestañas.
Hasta estar mareada de tanto girar.

9 comentarios:

  1. No te conozco, pero gracias (no importa por qué).

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    1. A vos. Por pasar, leer y sentir en consecuencia.
      (Y agradecer, claro.)

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  2. Juli, me llegaste muy dentro del alma. No te imaginás cuánto y cómo, entiendo lo que expresan tus líneas. Tampoco podrás saber cómo me ayudan tus palabras. Te abrazo y te agradezco.

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  3. Simples palabras dicen mucho...

    Te quiero tanto! Va a estar bien, yo sé que sí! No dejes que nada te detenga, juli... ni nadie! Sos fuerte y una hermosa persona. Te amo prima! Perdoname por decirtelo ahora, y no haberlo dicho antes, a veces quedan cosas por decir...

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