jueves, 17 de octubre de 2013

No, de verdad.

Miento. Mucho y muy bien. No, de verdad. Sé mentir, sé simular que miento para que se note y en realidad se filtre la verdad, pero ahí estoy mintiendo de nuevo. Y a vos también te mentí. Varias veces. Algunas con cosas poco importantes, como que me encantaba el asado, o que había visto esa película. Otras fueron mentiras más pesadas, que no pretendo blanquear, pero sólo quiero que sepas esto, que mentí y que miento.
No es porque sí, por aburrimiento o porque me salga muy, muy bien. Es porque no tenemos nada en común. Nada. Y yo esperé, me fijé, presté atención a ver si te enamorabas de nuestras diferencias, pero no. Es raro, porque aunque no seamos compatibles más allá de mis inventos, yo siento que vos sos perfecto para mí.
Quiero conocerte de nuevo, cruzarte por la calle, pensar que sos lindo, acercarme, presentarme, decir que hola, que Julieta, que no me gustan los asados, que lloro con 3 de cada 5 películas que veo, que no soy fanática de Xavier Dolan ni de Feist. Es más, esperé a que vos dijeras "Feist" para saber cómo se pronunciaba. Que digo que no sé cantar, pero creo que canto muy bien. Que es la primera vez que hago esto (eso) y que tengo ganas de invitarte a tomar unos mates a casa. Así, sin laberinto, sin buscar ser un enigma o una loca de mierda, de esas que querés cagar a trompadas, pero por algún motivo esperás un ratito más, y otro, y otro.
Quiero que me encuentres un millón de defectos que me hagan perfecta. Equivocarme en alguna conjugación y apresurarme a darme cuenta antes que vos. Reírnos. Quiero enseñarte a sonarte la espalda. Vos lo hacés mal, pero como me quisiste mostrar el primer día y yo tenía ganas de tener una excusa para mirarte mucho, te dije que ni idea, que dale. Pero lo hacés mal. Un día vas a quedar con una puntada entre vértebras, y te voy a tener que destrabar y se me van a caer todas las mentiras. Porque vas a indagar, porque así sos. Y me encanta que seas así, que hagas cuentas con acontecimientos, y vayas hilándolos mentalmente hasta llegar a conclusiones que nada tienen que ver con las premisas. 
Hoy estaba buscando el cargador en la cartera y saqué las llaves. Estuve 4 minutos mirándolas, pensando en para qué las había sacado. Porque estoy perdida. Porque a mí misma no me puedo mentir. Y vivo con el miedo de que un día te levantes y no te guste más, y saber que no soy yo la que no te gusta, y pensar en que yo podría haberte gustado. Yo, la que conjuga mal, la que no sabe decir ‘Feist’. Tengo mucho miedo de que me dejes y ni siquiera me hables siendo egoísta, porque me extrañás. Pero no a mí, a lo que yo te presenté cuando nos conocimos. Hablame, extrañame. Hablame así yo te digo que por favor no me hables, que no me hagas más difícil el dejar de pensarte.
Te quiero mucho. No, de verdad. Mucho. Ahora que me confesé, todo lo que diga y haga va a parecer inventado. Pero ya que no nos podemos volver a conocer, porque, aunque me encantaría sentirme todos los días como ese día, conocerse es cosa de una sola vez, te cuento esto. Que miento.


8 comentarios:

  1. Me diste ganas de escuchar Feist.
    Cuando un texto se lee de corrido, se devora, ese texto cala hondo en algún punto del cuerpo donde no hay más salida que sonreír y decir con la cabeza que sí. Aunque se mienta. Aunque se mienta para sostener y batallar.

    Qué lindo que escribís, Juli.

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    1. Ay genio, gracias! Sos muy querible vos, muy.

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  2. ¡Esto es excelente! Mis felicitaciones. Siempre es un placer leerte, aca y en twitter.

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  3. Hola, que hermoso, me emocionó mucho, voy a leerte seguido.

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    1. Qué bueno que te haya gustado! Dale, cuando quieras. Gracias!

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