domingo, 18 de septiembre de 2011

OMG

Uno de los grandes interrogantes del hombre es si existe un ser superior, una figura divina que crea, guía, premia y castiga. A lo largo de la humanidad se formaron distintas teorías y posturas:
El ateo, que descree de la existencia de un Dios (Sí chicos, pongo Dios enterito, no van a ganarse un lugar en la nube premium por escribir D’s, D-s o D10S).
El teísta afirma su poder.
El agnóstico, que culmina esta amplia clasificación, no se la juega por nada y sostiene que es imposible comprobar tanto que Dios existe como que no.
Abro un poco el cuestionamiento hacia la posibilidad de disociar Dios de la/s religión/es. Se puede tener fé en el primero y no compartir las tradiciones de las segundas? O es hacerse el too cool for school?
Está naturalizado que Dios se encuentra englobado en el marco de lo religioso, pero podría revertirse, o por lo menos aligerarse esto agregando a judío, católico, musulmán y otros el término creyente. Sería como actualizar, aggiornar al teísta.

Ignoro la razón por la que necesitamos tener fé en algo, quizás sea porque-- ver este post. O por ahí porque es muy cómodo concebir a alguien como líder absoluto. Es, de alguna forma, desligarse de responsabilidades.
También cabe destacar que la religión – al igual que el arte y la filosofía- es un camino al máximo nivel de contemplación del universo. Yo nunca pude despegar mi mente en esas direcciones, se me hace muy denso. Pero supongo que debe estar bueno.

Somos un proyecto que entre deliberación y decisión permanente se va construyendo; pero pedimos a cambio algún tipo de garantía, y acá entra en escena el Lord. Raro, porque como racionales y post-mo que nos creemos deberíamos ya haber aprendido que las certezas son casi inalcanzables, y muy inestables.
En la creencia, como en la política, nos vivimos llevando decepciones y sorpresas de aquello a lo que nosotros mismos elegimos ‘apostar’.

Me gusta pensar que Dios hace de La Tierra un gran laboratorio. Es mero ensayo y error. Si supiera él todo lo que va a pasar y cuándo, se aburriría como loco. Y todos, hasta el barba (que pésimo apodo, qué sabemos si tiene barba?) necesitamos la adrenalina del posible fracaso. Sí, es verdad que en este último tiempo la pifió bastante y explotaron miles de tubitos de ensayo.

Siglo XXI. Ya hay más diversificaciones de la religión que hijos no reconocidos de Maradona. Quedan poquitos que hoy respeten los mandatos a rajatabla, la mayoría los interpretan. Cada uno sabrá si esto le parece desvirtuar o adecuar a la actualidad. Lo que nos pasa a los adeptos de la segunda opción, es que la tradición nos es tan ajena que cuando se presenta en un cuerpo físico, nos resulta rarísima. Así como Américo Vespucio miró al que le dijo “No, para mí son 2 tortugas gigantes que sostienen todo esto”, tendemos a mirar al que deja de salir un viernes por shabat, o al que madruga un domingo para asistir a misa.

Toleremos un poco más, y viene de alguien cuyo lema debería ser: “Julieta, esquivando templos desde 1991.”