martes, 20 de noviembre de 2012

Las Weberas

Voy a hablar de dos categorías de mujeres detestables pero un poco adictivas. Dos tipos de mujeres a veces tan obvias que dan asco. Lamentablemente, caigo parcialmente en ambos circulitos del diagrama. Hoy: las weberas y las weberas.
(Es un nombre poco agraciado, ya sé, pero “las webistas” tampoco era brillante)

Después de ver pasar a todos los gatitos por el living de Fantino, que botinearon, raquetearon y demás garches deportivos; llegan las weberas, que son esas boludas - no sé qué tanto tienen de boludas - que están todo el tiempo subiendo cosas interesantes a la web. De ahí el nombre. Interesantes para un segmento que a ellas le interesa interesar. Interesantes también para un público potencial que bien podría interesarse. Interesantes para, en su gran mayoría, hombres. Quizá también para alguna otra mujer que les caiga muy bien. Muchas obvias hablarán de sexo, alguna que se anime de política, y las que todavía no entendieron de qué se trata todo esto, de fútbol.

Las piezas pueden ser un link de algún video de una banda semi-emergente, o por el contrario súper hito; un artículo de un pensador de época o de un intelectual de hoy. Un tweet gracioso, un tweet connotando algo que pocos entenderían, pero sí los que importan. Un comentario perspicaz quizá. O pará, la peor: un blog.
Son una mierda que huele bárbaro.

Ahora bien, las weberas son otro tipo de boludas, que tampoco es que caen muy lejos del árbol de las weberas. Se la pasan hablando de, como diría el forro maestro de los lugares comunes Mex Urtizberea, a qué pensadores leyeron, con cuáles coinciden y con cuáles no. El nombre de las weberas, en este caso, va por Max Weber, que te aviso que si lo pronunciás VEBER sos de lo más golpeable. Las weberas dan más asco todavía, porque son inteligentes, se saben inteligentes, y se creen más inteligentes. Su escenario ideal es convertirse en tu líder de opinión. Buacala.

Es muy fácil ser webera o webera, pero no por el contenido de lo que suban, publiquen, compartan o “analicen”, sino porque el resto de las minas no lo hace. Internet está plagada de las que tiran estados sentimentales tipo indirectas, o fotos con amigas en las que la pobre amiga salió como el orto, pero a ella le salió un ídem espectacular. Bueno, saben de las que hablo. Hay chicas que parecen muy boludas a través de la pantalla. Ser “distinta” es entonces pan comido; hacerle saber al mundo que lees, o que escuchás a Charly.
Y cuando ya se posiciona, la webera puede darse el lujo de hablar boludeces de minita, o subir un video de una banda pop.



¿Qué tienen en común las weberas con las weberas? La necesidad de aprobación del resto. Por eso cuando leas esto, dale like.

martes, 13 de noviembre de 2012

Por qué Mad Men es la mejor serie de todas las series de la historia del mundo infinito punto rojo.

Sí, me gusta Mad Men. Mucho, me gusta mucho. Voy a tratar de no spoilear nada, porque cada capítulo es imperdible. Si todavía no la viste, te envidio.

Mientras que en los ‘60 la gente disfrutaba de los adelantos tecnológicos como la máquina de escribir, la fotografía, el toca discos; mientras cada vez más zonas festejaban instalaciones de agua potable, de gas, la llegada del hombre a la luna; mientras Kennedy caía redondo al piso, y las mujeres estaban en el auge de su sensualidad; comenzaban a estudiar y tener una profesión. Mientras pasaba todo esto, Don se prendía un pucho y se servía whisky.
      Don Draper: Esa mezcla divina entre un adolescente mujeriego, con un cerebro de treintitantos todo transable y un porte que maaamita. Uno lo ve, cagando a la mujer con cuanto agujero se le cruce, y quiere que lo siga haciendo, porque es parte de su encanto. El estereotipo de hombre exitoso antihéroe que caería en cualquier cliché, pero que sin embargo es atípico.

Así abría la primera temporada, con esto.

Lo que tenemos todos en mente sobre qué pasa en una agencia de publicidad se pudre cuando vemos Mad Men. Por ahí pensás, como yo, que el ambiente es desestructurado, super relajado, que chupan, que fuman, que llegan a cualquier hora. Bah, que no hacen una goma. Poco de eso pasa en la serie, y aún así no dudaría un minuto en trabajar en Sterling Cooper (más adelante Sterling, Cooper, Draper & Pryce).

En los '60 arrancaba el abordaje desde otros campos para la creación de avisos y campañas, como la psicología y la sociología. No es un detalle menor que el programa se dé en el área de los negocios publicitarios: era una profesión incipiente todavía no concebida como un “trabajo real” para muchos, pero que comenzaba a establecerse como un oficio serio y respetable. Hoy, si sos creativo publicitario, o sos un capo o sos un gil. No hay grises.

Esta subestimación de la publicidad se ve contradicha en el desarrollo de las temporadas de la serie: por lo menos ahí en el Manhattan sesentoso, es una profesión exigente con fechas de entrega estrictas y una necesidad de grandes competencias creativas.

Ani, una amiga que me ayudó bocha con este post porque la analizó para un trabajo, me hizo notar que “Ad Men” es una forma de decir publicista en inglés. El título es una joda con ese término: “M-ad Men”, se refiere a la locura (mad) que implica trabajar en el mundo de la publicidad siendo un “ad men”. Como un juego de palabras.

Quiero hablar de Joan, la mujer más linda de la serie, por lo menos para mí (igual soy un poco BettyDraperista). También quiero tener hijos con Roger. Pero primero quiero terminar con Don.

Desde el comienzo del primer capítulo de la temporada, Don Draper aparenta ser el hombre perfecto, ideal, buen mozo (¿?), amable, inteligente, correcto. Pero pasan los capítulos, y todas las expectativas se van derrumbando. El personaje empieza a mostrar su otro costado, y entonces resulta que el antagonista, el "malo" en este caso es él mismo, porque hay una lucha interna por eliminar lo que es causante de angustias y preocupaciones que lo inquietan permanentemente.

El hombre es el lobo del hombre. La mente puede ser tu mejor amiga o tu peor enemiga. Uno es preso de su cabeza y de lo que piensa, es algo de lo que no puede escapar, sea bueno o malo. Pero nadie puede torturarse más y mejor que uno mismo. Don pelea contra sí, intenta superarse, intenta vencer esa resistencia al cambio positivo. No por nada la presentación muestra a un tipito en caída libre.

Don es uno para el resto, y otro para él. ¿Somos todos así? No sé. No creo. No importa. A Don se lo quiere por inconformista, desde cualquier ángulo.

Roger Sterling (te amo) es el jefe y socio de Don, compañero de aventuras, wing man. Por momentos parece que lo alienta a prosperar, por otros que lo lleva por mal camino. Y se le tira a la mujer, cualquiera. Pero es interesantísimo porque seduce al espectador en formas menos obvias que Draper. Es increíblemente sexy, aunque no sabría decirte por qué.

En el personaje de Don también se ve una dualidad respecto de esta relación, que probablemente se de cómo desenlace de la imposibilidad de él para hablar las cosas. Ay, si supieras. Cualquier boludo promedio te diría ¿Y por qué no empezás el psicólogo? Yo imagino que vos le tirarías el humo de tu cigarrillo en la cara, harías una pausa, sacarías unos cuantos billetes de tu bolsillo y te retirarías, con el saco al hombro y poniéndote un sombrero.

A Pete Campbell y su mujer los odiamos. Así que les dedicamos este espacio: “  “. Listo.

Joan: linda, pelirroja, tetona, pelirroja, voluptuosa, fina, pelirroja. Es la secretaria más capa. Sabe donde están todos los documentos, dirige las reuniones de socios, es absolutamente eficiente como gerente y es indispensable para el correcto funcionamiento de la agencia. Joan es una mujer muy fuerte pero que decide mantener un perfil bajo y una actitud bastante sumisa para poder encajar en lo que el paradigma clásico tiene diseñado para ella. Quiere casarse, tener hijos y ser una mujer respetable de familia. Para eso sabe que tiene seguir un caminito marcado de disciplina y docilidad. Junto a Peggy, son las mujeres copadas de la oficina. El resto son todas putitas que sacan culo.

Lo raro es que va al revés del resto de las mujeres. Ella ya quebró el paradigma puertas adentro, y se tiene que mostrar apaciguada para con lo demás. Un salmón. Una revolucionaria de la revolución misma.

Toda esta gente y más luce trajes, peinados altos, gemelos, whisky y cigarrillos. Camina entre máquinas de escribir y sillones. Sale a almorzar y se va a un telo.

Todos los detalles cuidados a la perfección.


Mad Men es arte del que sí se explica y está buenísimo.