miércoles, 22 de agosto de 2012

"Bucle", un nuevo esquema de comunicación.

Hace algunas semanas vi el largometraje español  “Bucle”. Sí, soy snob, te consumo lo que se exponga en el Malba y veo películas extranjeras, y cada tanto spanglisheo. Sue me.

Aaaaanyway, se muestran muchas historias paralelas que tienen en común la dificultad para comunicarse de las personas. Y a partir de esta falencia, los personajes se pierden en espacio y en sí mismos. Para mí se pasaron del cómo; y el qué contar quedó medio pobre, pero igual me gustó.
Propone también que el motor principal de la búsqueda de pareja es la soledad, y no otro que nos despierte algo.

Ahí dejo la sinopsis, y paso a afirmar una verdad con convicción como si mi vida fuera muy movidita y pudiera hablar desde la experiencia. ¿Vieron que siempre hacemos eso?
El caso es: hacer llegar un mensaje es lo más fácil del mundo. Necesitas voz o dedos o WiFi o plata o el número del que le colgó este pasacalles a la pobre Eliana. Alguno de esos tenés que tener. Lo que pasa es que por ahí tomamos la comunicación como mera transferencia de información, contamos las cosas y las dejamos ahí, en el bucle. Y que el bucle se encargue de llevarlas de onda en onda hasta el otro. Esto nunca se termina de entender, te vas quedando sin nafta y sin paciencia, el esquema se desgasta y un “esto no da para más” maquilla el real “me tenés las bolas llenas”. Ahí se corta, hay un villano y un damnificado como en toda historia medianamente interesante. Seguramente en ésta los dos se quieren morir, pero lo que no saben es que lo peor ni siquiera asomó la nariz. En unas semanas van a querer rasguñar las paredes, mudar de piel, llamar, bardear, amar, coger, superar, odiar, llorar, y hasta van a construir sus propios estados de ánimo.

 
Así es el amor, le da cosas terribles a gente buena y cosas buenas a gente terrible, y cosas buenas a gente buena y cosas terribles a gente terrible, y transforma a gente buena en gente terrible y a gente terrible en gente buena.
El único campo donde información no equivale necesariamente a poder.

De la soledad ¿qué te puedo decir?, también tiene mucho de construir los propios estados de ánimo. Es muy difícil aislarla de la connotación negativa, así que no lo voy a hacer.
Lo que más aterra, de ella y de cualquier otra, es la indefinición.
Estar a la espera de algo y no saber de qué, esa es la octava plaga y la más letal.
Lo que podemos hacer para definir es encontrar a alguien que pisotee la soledad, que le tire el poncho al río. No lo sabremos hasta entonces, pero es muy triste que cuando alguien llega para llenar un vacío, por lo general al irse deja un agujero de ozono.


Esperar y no saber, esperar y no saber, esperar y no saber, esperar y no saber, esperar y no saber. Cinco veces frente al espejo a ver qué aparece.


“Bucle” no escatima en recursos para mostrar cómo se sienten los personajes, sin que éstos necesariamente lo demuestren. Si sos más hincha de la forma que del contenido, pegale una mirada (¿?).

domingo, 5 de agosto de 2012

Porque Eloy es más que un hijo de Brenda Gandini y Gonzalo Heredia.

Hace algunos meses me junté con una amiga y sus amigas a tomar algo.
Había muchas botellas de cerveza, algún que otro fernet, música y un metegol. Las chicas eran divertidas, pero como no las conocía me senté al lado de Lu, mi amiga.
En un momento veo que saca el celular y tiene una calcomanía pegada en la parte de atrás, cual auto estacionado en cualquier playa de la costa. “Soltá todo lo que tire para abajo” leí en la calco. Le pregunté de dónde la había sacado. “Son unos pibes que arrancaron un proyecto, se pusieron un puestito ahí cerca de la Bond y reparten de éstas, todas con mensajes positivos.”
Buenísimo, contesté. Y quedó ahí.

El viernes nos vimos de vuelta, esta vez con el grupo que compartimos. De nuevo saca el celular y de nuevo le hago el mismo comentario. Yo siempre hago esas cosas, cuando me gusta algo de alguien se lo digo cada vez que se lo veo. Como con tus zapatitos, Gime.
Abrió su billetera y me dijo “elegí” sacando tres calcos diferentes. Una decía SE PUEDE, la otra NO PODRÍA PEDIR MÁS NADA y la tercera HOY ES TODO LO QUE HAY. Elegí la tercera (obvio, si no las habría yuxtapuesto distinto. Siempre quise usar la palabra ‘yuxtapuesto’ ¿Está bien acá?).
Ahora la tengo pegada en la parte de atrás de mi celular, como Lu. 

No me acostumbro todavía al tuneo. A veces lo busco en la cartera y como al tacto es distinto, lo paso de largo con los dedos.
Hoy, por ejemplo, lo miré y me puse a pensar en por qué había elegido esa y no la segunda opción que también estaba buena. Pensé en por qué me gusta el hoy.

Primero consideré que es porque soy de la generación que vive el eterno presentismo. No tenemos muchas ataduras con el pasado, cortamos la cadena. Después, que quizá el presente sea patrimonio de la juventud en general. O sea, de todas las juventudes de todas las épocas.
Vi que estaba bajando la velocidad en el puestito el presente no existe, es un pasado en potencia; y traté de no detenerme porque ahí siempre hay tribus urbanas que desconozco y me iban a moler a palos.
Me metí por un atajo. El cartel decía algo como que nos enamoramos de un momento y nos pasamos el resto de la vida intentando volverlo a vivir. Uh, me metí mal.

Finalmente llegué a un lugar que me convenció. Elegí la tercera calco porque el HOY va a existir siempre. Nunca va a dejar de ser hoy. Pero pará, se pone mejor (?): cambia todo el tiempo. Se escapa, es rápido, pero siempre está.

Casi todos los sistemas tienden al desorden. El tiempo no. Al menos a primera vista, el tiempo tiene sus tiempos bien marcados, y ordenaditos en fila india. Te explico cómo lo veo yo: el tiempo tiene un modelo de sistema solar donde todos los tiempos giran alrededor del hoy. La diferencia es que el sol es uno y el hoy es muchos, pero el esquema es muy parecido.

Es rarísimo, es presente pero es atemporal.

Hay que abrazar y sacarle el jugo al hoy. Es todo lo que hay.


Lecciones facilongas a las que sólo tenés que sacarles un plastiquito. Gracias https://www.facebook.com/ProyectoCalco!

viernes, 3 de agosto de 2012

Besame mucho.

Presentaciones que no incomodan.

Te pido perdón si salimos y no te gusté. Te juro que puedo, el problema es que me gustás.
También mil disculpas si fue que nos presentaron. No le puse ganas porque esas situaciones me hacen autodarme lástima.


Odio las citas. Todo el protocolo, los tiempos pautados, las risas y sonrisas semiartificiales que regalo por quedar linda y simpática. Y por estar nerviosísima.
En realidad es porque no sé cómo se hace, ni qué. Soy una espástica del mundo de las citas.

Estar ahí, así, con alguien que ya conocés tiene mucho de esperar al beso. Casi como estar acostado en la cama y escuchar el zumbido de un mosquito. Sabés que te va a picar, queda esperar cuándo. El beso es la picadura, solo que el primero lo esperás y la segunda te espera.
Pero cuando llega, y ya dejo de pensar en si estarás pasándola bien, y no hay que llenar silencios incómodos con tragos de lo que sea que esté tomando, las sonrisas se regalan solas... las muy putitas.



Hola. Existís.
Es muy lindo ese momento en que sus labios advierten la existencia de los otros, en un roce que dispara una bola efervescente que sube desde el ombligo hasta la garganta. Todavía está pensando en abrir los ojos para ver que su boca sea de verdad, porque le enseñaron que si algo es demasiado bueno para ser cierto, probablemente no lo sea.
Un roce de segundos para que se coqueteen las bocas. Que sí, que no, que sí, que no. Que sí.


Hola. Otra vez, más.
Es muy lindo ese momento en que los labios se intercalan como en escalerita, queriendo entregarse y absorber para sí al mismo tiempo. No sabe si abrir, tampoco sabe cuánto. De a ratos se concentra en hacer las cosas bien pero le dura poco. La bola le efervesce ya en la cabeza y se hace difícil pensar. Es lindo acariciar su cuello y que sus manos abracen su cintura. Es lindo acercarse porque los labios ya son insuficientes. Animarse a separar más la propia boca, para unirse más con la otra, para sentir la humedad y calor, que envolverán una lengua y unos labios que ni siquiera sienten frío, pero no están dispuestos a rechazar el abrigo. 
Es lindo sentir la respiración, pero más lindo es escuchar los ruidos de protesta que hacen los labios cuando se les niega ser uno. 

No les gustan las despedidas.
Es muy lindo ese momento en que sabe que el beso está por terminar y punto aparte. Pero no quiere que así sea entonces hace presión contra los labios del otro, hace fuerza como si esa fuerza pudiera mantenerlos pegados por más tiempo. Que sí, que no, que sí, que no, que sí, que no. Que fin.
  

Hay que presentar labios más seguido. Parece que se llevan bien.