miércoles, 21 de marzo de 2012

Ley de atracción y deseos de tren.

Más que lejos, estoy a años luz de ser amante de “El secreto” o de la Ley de atracción. Demasiado ambiguo y a la vez muy básico; para atributos así ya vengo con 4 años de vaguedad conceptual inevitable en carrera de sociales. También tengo problemas con su club de fans, que creen que por atender a 160 minutos de rodaje o devorarse 400 páginas entienden todo del universo, y contemplan con mayor claridad que el resto. De todas formas, rescato lo más impoluto y originario de la teoría, la frase que para mí será, desde el momento de escucharla, una verdad apodíctica. Las cosas pasan porque las pensamos y las decimos.
Nosotros le damos entidad a todo. La sensación de que podemos predecir, que tenemos poderes para visualizar el futuro. Lo imponente de practicar telequinesis con hechos en vez de objetos. Y a partir de esto cambiarlos en forma, conservando el contenido.
Los temas de agenda son un claro producto de esto.

Donde hay seres humanos hay rumores, y a veces no de chusmerío, sino de miti información miti mentira. Pero si es “inventable”, imaginado y exteriorizado, es “acontecible”.
En la instancia de exposición pública me vuelvo loca, me aterra dar visibilidad a lo oculto y lo inconcreto. Me cuesta contar lo que pienso si es algo de lo que no estoy segura.

Vos cuántas veces pensaste que querías estar con esa persona? Cuántas veces llegaste con los segundos justos para que el tren pase por arriba y puedas pedirlo? Si lo lográs, en teoría el deseo se carga en un vagón y llega a destino…espero. A menos que la conductora sea su ex, en cuyo caso el recorrido termina en Bitchland.

 No veo por qué es tan difícil atraerlo, al fin y al cabo estamos hablando de UNA persona. En mi caso, es cuestión de uno o dos mensajitos, una mirada y una sonrisa para que adquiera el peso de “deseo de tren”. Sí, vamos a ponerle así. Cada uno dibuja los números en la balanza de deseos, INDEC style. El ejemplo de un caso óptimo es este: una vez un amigo (para reservar su identidad voy a decir Alex P., o mejor A. Pels) me explicó “Obvio, me encantaría que vuelva a primera, pero la verdad es que River a mí no me da de comer ni de coger”. Eso, señores, es mi máxima aspiración. No, no coger y comer, (o bueno, sí, también) pero tomar las cosas por lo que objetivamente valen. Jerarquizar es mi misión imposible. Todo me parece importante, y tengo brotes existencialistas en que nada me parece importante.

Me pesqué pensando en alguien muchas noches consecutivas, alimentando conscientemente el deseo de tenerlo. Nunca sé cuándo ni cómo dejar de hacer eso, y lo engordo. Bastante. 
Es que me gusta gustar de alguien, me permite imaginar una sucesión de situaciones hollywoodenses que la realidad restringe. Ahora, si tanto lo pienso, y alguna que otra vez lo comenté, dónde está!? No me puedo comunicar con este departamento aparentemente, tanto accidente de tren en los últimos tiempos me deja en línea de espera permanente, con la única herramienta de seguir soñando y cultivando.

Para atajarme a veces pienso que no me gusta tanto él como el hecho de que me guste alguien, y poder esperar una conexión, un cruce o algún feedback cariñoso si me pongo ambiciosa. Siempre lo dije y lo sostengo: cuando no hay nadie en nuestra mente, hurgamos en el pasado y desenterramos lo mejorcito que hubo…and guess who’s back. Reciclaje.

Que un chico eclipse todos los otros temas en mi cabeza es algo que me fascina. Que invada mis problemas y los deje débiles, sin capacidad de combatir por lo menos unos minutos. O que directamente los deje viejos, enfermos y pobres. 
No tengo que pedirle permiso a nadie para pensarlo. Lo nombro rey en el lugar donde, mientras me inyecte de realidad ocasionalmente o alguien me dé una patada estilo “El Origen” para volver, sólo yo tengo jurisdicción. Un mutualismo en su acepción más metafórica y hermosa, y también más proclive a fracasar ferozmente desembocando en un desastre.

Habrá que evaluar si ese rey será el kilo de plumas o el kilo de plomo, para hacerse una idea de cuánto lugar va a ocupar.

Bueno, a ver si contándolo acá se pone en marcha la ley de atracción. 


 La foto emula o representa un tren, al igual que la Ley de atracción lo hace con los deseos.

domingo, 4 de marzo de 2012

"Le placard" y mi placard.

Odio atender el teléfono de mi casa, pero somos dos acá, así que hay bastantes chances de que sea para mí. Hoy llamó una amiga de mi mamá, obviamente no para hablar conmigo. Silvita no estaba y me quedé charlando un rato. Es muy piola ella, no es densa ni preguntona, no le interesa saber si estoy  saliendo con alguien, no intenta ser la “tía” compinche; cualidades que se ajustan al perfil de casi todas las amigas de casi todas las madres de casi todos nosotros.
     Se preocupó por saber cómo andaba de la clavícula, le conté que mejor, que ya me podía levantar sola, salir a caminar por ahí, que todo muy tranquilo pero por lo menos era algo. Hablamos también de la depresión de los domingos, a mí en realidad no me agarra pero no quería ser cortamambo y se la seguí. En papel, reafirmé lo triste del 7mo día comentando que mañana empiezo la facultad (que tampoco me entristece tanto, no por la nerditis aguda que padezco, pero porque hace días estoy postrada a la cama y eso implicaría actividad). “Y no sólo eso” – añadí – “no me puedo cambiar sola porque tengo un brazo robocopeado, así que imaginate lo que significa este domingo para mí”.
     Intentó brindarme soluciones, entre las que me sugirió ir en algún vestidito suelto para que pudiese ponérmelo yo sola. Con algo de pudor, contesté que los “vestiditos” que adornan mis perchas no son exactamente para ir a la facultad, “necesito un poco de recato, sino voy a parecer bastante putita” aclaré. Si no me cruzaste de noche nunca, no te ilusiones, no estoy tan buena como te estás imaginando.
   Mi excusa desató sabiduría condensada en 3 o 4 ideas. Pasó por alto mi alarde de vestimenta gatística, y me explicó que si no soy eso que mi ropa dice que soy, está buenísimo. O incluso al revés, si me vistiera como un fragmento de la biblia andante y llevara una perra adentro, también estaría bárbaro. A este primer concepto contesté, olvidándome ya del marco académico en el que se lucirían los vestiditos, que sería muy vendehumo, que no soy una putita por más que mi ropa grite lo contrario. Se aferró a un peliculón para desbaratar mi hipótesis:
Le placard, film francés en cuya trama un hombre lleva una vida de lo más aburrida – y claro, es contador. Se entera que lo van a despedir, y no hay mucho que pueda hacer al respecto, porque a nadie le interesa su porvenir. Alentado por su vecino, este pobre tipo inventa su condición de homosexual. De esta manera, le mete un (Esaaaa. No,un poco border) palo en la rueda a la empresa que atinaba a soltarle la mano, porque si así lo hiciera estaría segregando a las minorías, o por lo menos eso circularía por ahí. A los oídos del rebaño, garpa más que lo hayan echado por gay que por ineficiente.
    Claramente pican (no digo que se la comen para no confundir) y el supuesto gay empieza a cobrar otra importancia, otro grado de popularidad, un protagónico. ¿Cómo se va a ir si está en boca de todos? Aparte hay que hacer lo políticamente correcto.
    Vos y yo sabemos que no es gay, pero para ellos es el nuevo fenómeno del circo.
No voy a spoilear el final.
La amiga de mi mamá me cerró el pico, extrayendo de esta peli que es mucho más atractivo ser interesante que inteligente o eficaz.
Quiso decirme que hay que venderse (creo).
Que no es algo de careteo, sino algo natural un poco más condimentado (creo).
La lista de pros y contras del postulado este sería infinita, ítems defensores de los derechos humanos que afirmarían que es discriminación, también que uno debe mostrarse como es, etc., etc., bostezo, etc. Pero no está tan mal lo que me propuso. No es tan superficial como parece (creo).
Todo entra por los ojos, y si una vez adentrados en el más allá de los ojos sorprende, mejor (creo).

PD: Se contradice un poco con un post anterior, pero no lo voy a linkear para que no lo leas y después te des cuenta que soy una hipócrita o un panqueque.
PD2: Sí, leiste bien. Me visté mi mamá.